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Apuntes para elaborar un trabajo académico o universitario

He dado muchas vueltas a cómo publicar estas pautas con recomendaciones para elaborar trabajos universitarios, que también pueden servir para etapas de estudio previas. Harta de que estas palabras quedasen en la página de borradores, finalmente hoy expondré lo que considero que son unos principios esenciales para elaborar trabajos. Aludiré a cuestiones tan elementales como la redacción y la forma general para prepararlos; además, por destinarse a la universidad, incluiré alusiones a las referencias bibliográficas. Aunque esto servirá a quien carezca de otra guía, lo mejor para entender estas pautas es escucharme explicándolo cuando imparto un breve taller una vez al año, cosa que hago desde 2022/23, a estudiantes del Grado de Historia de la ULPGC y del Máster de Patrimonio Histórico, Cultural y Natural de mi Facultad; con ello saben a qué materias sirve directamente, pero puede ayudar a muchas otras también.  Asimismo, adjunto un resumen en una página en PDF (pulsa aquí), como el de la imagen, que ahora ampliaré con explicaciones sucintas, y aviso para que sobreentiendan todos los vacíos que puede conllevar este formato pretendidamente escueto en un tema tan denso y complejo. Dividiré mi exposición en tres bloques: el primero, sobre redacción y estilo; el segundo, sobre el esquema general de un trabajo; el tercero, sobre bibliografía.

1. Redacción y estilo

Siembre deberías cuidar tanto el fondo de las ideas que expresas como la manera de expresarlas. Para empezar en esa tarea, pueden ayudarte los siguientes pasos, que manifiesto según sigue, pero todo esto es flexible. Por ejemplo, bien podría cambiar el orden al exponerlo, así que lo importante es no olvidar ninguno de estos puntos esenciales:

  1.1. Haz un esquema bien jerarquizado para evitar enfrentarte a la página en blanco. A partir de ahí verás con algo de claridad qué sabes y qué no, o qué echas en falta. Posiblemente agrupes ideas con más facilidad, por ejemplo, añadiendo subepígrafes cuando entiendas que unos temas dependen de otros. Recuerda además que es sólo un esquema a modo de borrador, que siempre podrás cambiar de orden o suprimir unas ideas y ampliar otras. 

  1.2. De la frase al párrafo

    1.2.1. Redacta frases directas, sencillas, claras y afirmativas: sujeto, verbo y predicado, recordando la máxima de lo bueno, si breve, dos veces bueno. Para ilustrar valdría este caso muy básico: Este estudio trata sobre tal tema. Se estructura en cuatro apartados. En primer lugar, se resume qué es tal tema. En segundo lugar, se desarrolla la cuestión de […]. En cuarto lugar, finaliza con las conclusiones […]. Esto te servirá para escritos científicos o académicos, por ejemplo de Historia. Recomiendo aplicar los principios de sencillez a todo, que con claridad se pueden expresar las ideas más complejas. En ese sentido, por ejemplo, evita decir “para la valorización del tal” si puedes decir “para valorar el tal”. Usa un vocabulario conciso y apropiado. Evita las imposturas intelectuales, dicho la expresión tomada del título de la obra homónima Imposturas intelectuales de Sokal y Bricmont (Barcelona, Paidós, 1996). Huye así de las frases rimbombantes que ni entiendas, pues es muy probable que sean erróneas. Por supuesto, si sabes escribir bien con un estilo peculiar, olvídate de ciertas explicaciones aquí dadas.

    1.2.2. Esas frases se aunarán temáticamente (separadas por punto y seguido) y así compondrán párrafos. Cada párrafo tendrá una idea principal, un sujeto principal por párrafo, en 6 u 8 líneas, aproximadamente. Esto es algo general y no una norma fija, pero evita por ejemplo párrafos excesivamente largos o excesivamente cortos constantemente, cuyo formato difícilmente se puede justificar. También es muy importante que el texto evite ser una mezcla de ideas que afloran sin ton ni son en párrafos imprecisos de contenido incierto. Y para especificar y separar ideas, es esencial valerse de la puntuación, sobre lo que conviene leer el siguiente epígrafe. 

    1.2.3. Signos de puntuación esenciales: el punto y la coma. Con esto, sencillamente quiero insistir en que si sabes usar signos tales como la coma y el punto (no todo el mundo sabe) pero desconoces la norma para usar el resto de signos, pues olvídate del resto por ahora, para que no sufra quien te lea o evalúe. Si quieres usarlos pero no sabes, ¡apréndelo que es gratis!  Cuando tengas tiempo para estudiarlo te animo a ello: aquí tienes la norma para el punto y coma (pulsa aquí) así como para los dos puntos (pulsa aquí) dada por la Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española en la Ortografía de la lengua española (Madrid, RAE, 2010). Por supuesto, si sabes usarlo pues úsalo, pero asegúrate de que sabes, y lo digo porque cuando corrijo trabajos en la universidad me sorprendo al ver cómo estudiantes que no saben utilizar ni los signos más elementales se lanzan a por los más complejos, lo cual es poco práctico en un trabajo de curso, cuando el tiempo en general acecha.

  1.3. Escribir implica decidir constantemente, tener un pensamiento crítico, y todo eso exige trabajar. He de insistir en ello, porque en muchos textos de talante literario donde se permiten muchas licencias es fácil guiarse por elementos tales como la inspiración. En los estudios de Historia, aunque la inspiración pueda ayudar, la base sólida suele lograrse trajando y revisando mucho es crear un escrito asentado y argumentado, con citas bibliográficas, lo cual gana dedicando tiempo y varias revisiones. 

  1.4. Revisa el conjunto, corrígelo e intenta que alguien te lo corrija. Muchas veces el estudiantado entrega trabajos sin las revisiones previas suficientes, y eso da una triste imagen. Además, cuando se revisa un texto no siempre se tiene la mirada crítica necesaria que a veces prestan otros ojos, que son especialmente recomendados si son de una persona que te lo revise con espíritu crítico. Cuando sometas algo a examen, en cualquier caso, piensa que contradecirse en alguna idea es relativamente común; sabiéndolo, intenta evitarlo.

  1.5. Pagínalo. Incluye tu nombre y apellidos en el documento digital y el de papel. Da una imagen descuidada el hecho de ser incapaz de dar una paginación, lo cual se hace automáticamente por ejemplo en word. Otro descuido muy común es olvidarse de dar autoría al trabajo. Para la versión en papel es necesaria, pero además es muy recomendable en el formato digital, y lo digo harta de descargarme 80 trabajos cuyo título es “Trabajo”, por ejemplo. Cuando otra persona va a recibirlo, es útil identificarlo con un nombre para que sin abrirlo se pueda saber quién lo escribió o el asunto del que trata.

  1.6. Usa la tipografía que te marquen, pero si te dejan libertad, recomiendo acudir a clásicos tales como Times New Roman 12, espaciado de 1’5 o algo discreto. Lo práctico es evitar unas letras gigantes o excesivamente pequeñas, o unas distancias interlineales excesivas para que el trabajo abulte cuando hay poco que decir. Si lo poco que se dice está bien dicho, lo demás sobra, creo.

  1.7. Consulta dudas en diccionarios de la Real Academia Española, que tiene muchas obras pero dos son referentes esenciales: el Diccionario de la Lengua Española, en www.rae.es, o en el Diccionario Panhispánico de Dudas, en www.rae.es/dpd/, . Complementa estos conocimientos con manuales de estilo, con ortografías, con gramáticas y, por supuesto, con recursos de internet, como la página de la Fundéu (Fundación del Español Urgente, en www.fundeu.es); el Blog de lengua del profesor Alberto Bustos, https://blog.lengua-e.com/, o éste mi blog de Redacción, https://redaccion.hypotheses.org. Hoy día hay multitud de recursos gratuitos en países invadidos por las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Por cierto: entre los manuales para escribir mejor, hay uno sencillísimo que me encanta por su brevedad, concisión y claridad: el Manual de Errores lingüísticos de Marcos Andrés Bonvín Faura (Barcelona, Octaedro, 1996, con diversas ediciones posteriores).

2. Esquema general de un trabajo universitario

  2.1. Título: es una parte importante del trabajo. En caso de que el título que hubieses previsto inicialmente (por ejemplo, en un Trabajo de Fin de Grado o uno de Máster, un TFM) no defina bien el contenido que has desarrollado, no fuerces el contenido: cambia el título, que es lo más sencillo y honesto. Intenta que el título resuma bien de qué trata tu trabajo, pero a ser posible de forma sucinta, para lo que es necesario sacrificar información. Además, recuerda acotar el tema en el espacio y el tiempo, para que no tengan que leerse el trabajo con el fin de saber qué abordas realmente.

  2.2. Índice: suele ser innecesario en un trabajo breve, pero necesario en uno largo. En trabajos de volumen intermedio, pregunta a tu docente qué prefiere, o si decides tú intenta que sea coherente la elección. El borrador del índice suele hacerse cuando se comienza el trabajo, pero a medida que avanzas tienes un esquema más realista de la versión definitiva del índice; entonces, actualízalo. Recuerda revisarlo, aunque esté situado al inicio y quizá por ello parezca a veces que haya quien se olvide finalmente de su importancia.

  2.3. Resumen a modo introductorio: recomiendo hacerlo al final, pero situarlo al inicio. Es, sencillamente, el proceso que me resulta más fácil para elaborarlo mejor, en el menor tiempo posible.

  2.4. Desarrolla estructuradamente el trabajo, y divide los temas principales en epígrafes y subepígrafes (esto recuerda al borrador, del 1.1., pero sería una fase posterior). Si la institución para la que haces el trabajo de curso te marca que sigas una estructura obligatoria, eso te ayudará a completar el esquema; por ejemplo, en un TFG (Trabajo de Fin de Grado) o un TFM (Trabajo de Fin de Máster) suele pedirse que tengan resumen, introducción, metodología, fuentes, estado de la cuestión… en lo que aquí ni entro, y ya abordaré en el futuro dedicándole otra entradilla.

  2.5. Figuras: si incluyes mapas, imágenes, tablas o cualesquier elemento que complemente el texto, consulta cómo hacerlo, en: https://redaccion.hypotheses.org/1641.

   2.6. Conclusión: reflexiona sobre el conjunto de tu trabajo, gira en torno a los temas expuestos e intenta dar un paso más y ofrecer alguna idea nueva sobre los asuntos tratados, sin irte por temas ajenos que no has tratado en esas páginas. Evita limitarte a concluir frases manidas como que este es un tema muy importante; puedes decirlo, claro que sí, pero justifica porqué, pues es un comodín demasiado repetido cuando no se sabe qué aportar. Dedicar tiempo en pensarlo suele ayudar a encontrar alguna solución óptima.

    2.7. Bibliografía y fuentes: contrasta fuentes fiables y cítalas, y para saber más consulta el apartado 3 que sigue a continuación.

 

3. Citas y referencias de la bibliografía (final o en nota al pie) y fuentes

  3.1. Cita la fuente tras una cita textual (entrecomillada) o no textual (algo explicado con tus palabras). En infinidad de disciplinas universitarias, como la Historia, debes citar siempre la fuente primaria o secundaria de los datos que expresas o compendias. Atribuye al final de cada párrafo una maternidad o paternidad a la idea o concepto científico ofrecida ese párrafo redactado con tus palabras, citando la fuente; si no, tu trabajo será acientífico. Ojo: hay excepciones en frases y párrafos en los que no se citará, por ejemplo: al reflexionar, al opinar, al resumir inicialmente… Pero cuando no citas se da por hecho que el dato es tuyo. Deberías citar si alguien relacionó ideas antes que tú, si alguien tuvo el mérito de una idea, o si descubrió una fuente antes que tú, o incluso si tú lo publicaste previamente debes autocitarte. Este resumen podrá guiarte, más la práctica y leer muchos textos científicos de calidad; en cambio, leer trabajos acientíficos podrá confundirte. Todo esto es complejo de resumir ahora, y plantea numerosas dudas a mis estudiantes, por lo que en el futuro tengo previsto hacer otro artículo al respecto en mi blog.  

  3.2. Copiar o plagiar es delito intelectual, por lo que siempre debes evitarlo. Aunque los países tengan diferentes leyes de propiedad intelectual, en todos ellos la norma defiende –con variantes– que una idea es de la persona que la expresó, sin necesidad de registrarla ni nada por el estilo. En España, por ejemplo, nos ampara la Ley de Propiedad Intelectual 1/1996, RD Leg. 1/1996, de 12 de abril, en https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1996-8930, y las penas abarcan desde multas administrativas hasta varios meses de cárcel.

  3.3. ¿Cómo distinguir una página fiable de internet? Actualmente la red digital puede ser una mina para usar en trabajos académicos sin moverse del ordenador, tal como demuestro con mi blog titulado Recursos para investigar historia, desde el cual se pueden elaborar infinidad de estudios académicos, publicaciones incluidas. Sin embargo, cuando no se sabe usar internet, tanta información puede confundir al estudiantado cuando quiere hacer un trabajo de curso. Para saber más al respecto remito a otro artículo de este blog.

  3.4. ¿Cómo citar académicamente las fuentes? Este tema de nuevo es complejo, por lo que remito a esta otra entradilla de este blog, basándome esencialmente en las normas que usa para publicar el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, por lo que valen para ciencias puras y para ciencias humanas.

 

Muchas gracias por leer hasta aquí, y si te ha resultado útil este artículo te agradezco que ayudes a difundirlo entre quienes creas que puede ayudarle, ¡hasta la próxima lectura!

Nota: los enlaces han sido consultados por última vez el mismo día que se publicó este artículo, y por ser una información obvia no consta en el texto para aligerar su lectura.

¿Es cierta web fiable para citarla en un trabajo académico?

Actualmente, cada vez se usan más las fuentes de internet en los trabajos académicos. En principio esto no debería suponer ningún problema, si los contenidos fuesen buenos, pues por ello deberíamos juzgarlos, en vez de por la calidad del papel ni su gramaje ni si es verjurado. El problema llega cuando la página  que se cita es académicamente poco fiable -cosa abundante en la red-, y sobre todo cuando hay estudiantes con grandes dificultades para localizar páginas serias. Es curioso cómo numerosas personas que estudian pueden tener tanta confusión ante este hecho, cuando luego son muy hábiles manejándose por otros lares de internet, y cuando en dicho espacio se pueden encontrar grandes joyas fácilmente, teniendo los conocimientos necesarios que nos conduzcan a ellas.

En cualquier caso, por si ayuda, aquí comento las recomendaciones que yo daría para orientarse sobre si una página es fiable. Digo esa palabra, orientarse, pero habría que ver tanto cada caso de forma individual como, sobre todo, si se suman varios elementos que parecen dar crédito a un texto, pues cada punto, aislado, poco aporta, salvo el primero de la autoría, que suele ser el más fácil de comprobar.  En cualquier caso, cuando haya demasiadas preguntas sin respuesta (no tiene autoría, el dominio es .com, no cita fuentes fiables)… puede ser indicio de que acaso sea mejor prescindir de él en un trabajo de clase, y buscar en la clásica biblioteca un libro de papel, con el que hay más posibilidades de  acertar. Si se me permite la comparación, los clásicos de papel serían, en general, el terreno firme (salvo grandes excepciones) mientras internet representaría en muchos casos (no en todos) algo parecido a las arenas movedizas. Sin embargo, hay numerosos espacios de internet tan seguros como los de papel, que además ofrecen la información más inmediata, a la que el papel no llega por muchas cuestiones, entre las que se halla la tardanza en sacar a la luz una obra de la imprenta.

En cualquier caso, ante la complejidad de un asunto que a primera vista puede parecer sencillo, propongo que se miren diversos datos de la página de internet con la intención de orientar, para que cada quien se pueda forjar un mínimo criterio de si está ante una web que aparentemente parece ser o no fiable. Estas explicaciones se complementan con un documento adjunto en PDF con la información esquemática que resume los siguientes datos.

  1. La clave: la autoría de la página o del blog

Es importante fijarse en si se menciona quién ha escrito la página o artículo del texto que se lea. Si consta, será buen síntoma, aunque si no se dice a qué se dedica -o si se arroga títulos falsos- puede dejarte con la misma desorientación que al inicio, por lo que mejor será buscar artículos de profesionales de reconocido prestigio en tu materia. En caso de que quien lo lea desconozca las autoridades en el tema tratado -suele ser el caso-, sugiero buscar en google tecleando “dialnet“, más las palabras clave convenientes, aunque esto, insisto, no siempre funciona.

También resultaría de ayuda si la persona autora se relaciona con alguna entidad acreditada; por ejemplo, si trabaja en un archivo y habla de documentación, o si es docente y habla de temas de su especialidad… Por ejemplo, imaginemos que eres estudiante de Historia y has dado con un artículo que te ha hecho mucha gracia que se titula “Historia y mantequilla“. Sin embargo, el colega con quien vas a hacer el trabajo de clase te dice que ni se te ocurra incluirlo, que lo quites, que eso no es serio. Entonces, ve a lo más sencillo: ¡busca su autoría! En ese caso, se trata del blog de Los archivos de Justo Serna, con lo que el autor es Justo Serna. En su página puedes comprobar que es catedrático de historia Contemporánea en la universidad de Valencia, con lo cual, es más que fiable. Pero imaginemos que no dijese su título laboral. Entonces, buscas en google por las palabras clave, “dialnet Justo Serna“. Te llevará a una página que  reseña y reúne muchas publicaciones, que en el caso de Serna suelen ser muy originales, tanto en la forma como en el fondo, por lo que verías que sería más que acertado incluir ese artículo en el trabajo, y así podrías explicárselo a tu colega de curso, al docente o a quien haga falta.

Cuando una publicación carece de autoría (o es algo poco nítido), como en el caso de Wikipedia, es preciso que recuerdes que ninguna persona se hace responsable de ese texto públicamente, por lo que tiene pocos visos de ser científicamente fiable, pues la autoría es esencial en un texto académico. Así, puede ser un artículo plagiado y que no te des cuenta, sobre todo por la confusión que genera que cite fuentes (acaso sean plagiadas también). Por esa y otras razones, muchos docentes rechazan que se use dicha enciclopedia (aunque sea muy útil para acercarse a algún tema de forma general), máxime cuando abundan tantísimos textos fiables en las bibliotecas tradicionales y en línea (dialnet sirve, en gran parte, como una de ellas), firmados por un amplio abanico de personalidades que, en general, abarca desde autoridades en la materia hasta las jóvenes promesas que esperan el reconocimiento público. Ante esta situación, plantéate si merece la pena arriesgarte a citar en un trabajo pretendidamente científico la voz de alguien desconocido y oculto bajo el velo de lo anónimo.

A partir del dato explicado de la autoría, que es posiblemente el más importante, el resto de información que citaré a continuación es secundaria, y débil cada punto por sí solo, por lo que cada uno necesitaría del conjunto para sumar diferentes elementos con el fin de poderse forjar un mínimo criterio. 

  1. Credenciales de la página o del blog

Hay ciertos datos, en algunas fuentes, que pueden ayudar a saber si se trata de una página reconocida en algún sentido. Por ejemplo, si tiene un ISSN, es decir, algo que lo identifique como publicación seriada. Algunos blogs lo tienen (como éste). Insisto en que esto es sólo un indicio, pues hay blogs magníficos carentes de él. También puedes buscar qué otros datos encuentras, como algunos datos de edición, por ejemplo, la fecha o el lugar de edición… y aunque no te orienten en este punto, en caso de que lo usases convendría que incluyeses esa información en la cita bibliográfica.

  1. Calidad del texto de la página o del blog

Fíjate en si está bien escrito. No hace falta que tenga faltas de ortografía para que sepas distinguir lo bueno de lo malo. Mira si estructura el discurso de forma acertada y coherente, o si, por el contrario, ofrece información contradictoria. Esto es diferente a aunar varias perspectivas, obviamente, y ahí lo dejo pues si me pongo a explicarlo todo esta entradilla sería interminable. Observa si hay afirmaciones justificadas, sensatas, radicales o irracionales. Intenta discernir si distingue bien los datos objetivos de las opiniones, y si cuando estas constan están bien razonadas. Aunque toda persona es un sujeto, los textos que produce un ser humano deben intentar aspirar a mostrar los datos con objetividad, en la medida de lo posible, con la pretensión de analizar de la forma más sensata y ecuánime posible. Observa si muestra que es tendenciosa ideológicamente sin avalar las afirmaciones que ofrece. 

  1. Información y fuentes bibliográficas de la página o del blog

Busca si la página que te interesa ofrece bibliografía, o si remite a fuentes que refrenden las opiniones dadas. Otra cosa que podrías mirar es si es posible cotejar la información que ofrece con las fuentes que cita, o si los enlaces citados funcionan bien, por ejemplo (si no funcionasen podría deberse a muchas causas). Plantéate también si es un trabajo elaborado con honestidad intelectual, o plagia sin citar fuentes. En el último caso desecharías el texto de inmediato, aunque el problema es que ese mal es complejo de identificar, y muchas veces requiere un conocimiento inmenso que no siempre se tiene.

  1. ¿Está actualizada la página? (importante en temas de actualidad)

En relación con el punto anterior, orienta saber si está actualizada la información expuesta. Sobre todo, en casos de noticias de actualidad. Otro elemento en el que conviene fijarse es si hay enlaces rotos, si son muchos o si son pocos. Sin embargo, esto de nuevo es sólo orientativo y posiblemente de poco peso, lo cual es bien largo de explicar y requeriría diversos matices. 

  1. URL, Extensión del dominio, dirección del enlace (.gob, .edu)

Una pauta sencilla es mirar en qué acaba el enlace de la web o del blog que uses, aunque puede ser irrelevante, pues cualquier persona puede usar .org, .net. ó .com. En otros casos, sin embargo, sí puede ser más elocuente este dato, cuando la extensión del nombre del dominio alude a instituciones educativas, como .edu (ej.: blogs de universidades), hypotheses (plataforma de blogs científicos), .gov (si procede de instituciones gubernamentales, lo cual puede orientar, pero también confundir, si tiene que ver con política)…

  1. Páginas de pago y publicidad

De nuevo este dato, aislado, dice poco, pues hay páginas de calidad y sin ella tanto de pago como gratuitas. De hecho, muchos blogs acabados, por ejemplo, en wordpress.com pasan a ser páginas de pago, y en ese tránsito pierden dicho dominio (se reducen a .com), pero la calidad es la misma porque la autoría es la misma. Este dato poco dice en condiciones normales. Pero puede decir más acompañado del siguiente. Si hay publicidad, mírala y observa si la propia página está enfocada a vender algo, o si simplemente se debe a propaganda automática de páginas gratuitas (wordpress, blogspot), lo cual es totalmente ajeno al interés de la persona que lo redacta, pero aparece obligatoriamente por el mero hecho de ser un blog gratuito. En otro orden de cuestiones, hay páginas de pago que son meras plataformas propagandísticas, por lo que en la calidad de una página de internet el dinero no tiene porqué ser ningún aval.

  1. Sobre cómo citar una web o blog:

Si incluyes un apartado final de referencias, recomiendo que lo titules Biliografía y fuentes, pues puede ser difuso hasta dónde llega la frontera de la bibliografía y la de las fuentes, con lo que aunándolo se soluciona el problema. No recomiendo titularlo webgrafía por diversos motivos, como que es una palabra limitada, parcial y no reconocida en el diccionario español. Citar fuentes digitales suele ser complejo, sobre todo porque suelen carecer de numerosos datos. Para solucionarlo, sugiero, por un lado, ordenar los datos que encuentres (autor/a, título del artículo, título del blog, fecha…) en el mismo orden que uses para del resto de la bibliografía. Por otro lado, intenta que se entienda qué citas, para lo que es útil incluir, tras el título de lo que sea, un corchete diciendo qué es: [blog], [vídeo], etc. Después, incluye la fecha de consulta más el enlace, para que se pueda recuperar la información, incluso si deja de funcionar la web, con sistemas como WayBackMachine.

Recapitulando, se han explicado varias pautas para intentar saber si una página de internet, que aquí se resumen esquemáticamente (en este PDF). Sin embargo, el camino más corto es fiable consiste en buscar la autoría del texto que te interese. Si no queda claro que quien lo escribe sea una persona respetada en la materia, puedes empezar a poner ese escrito en tela de juicio. Para seguir orientándote, intenta ayudarte de los demás elementos para que procures  discernir la calidad del material que tienes entre manos. Y, si quieres una recomendación, cuando tengas todos los elementos para ponderar, si dudas de un blog, eso suele ser mal síntoma, por lo que yo lo desecharía, sobre todo, existiendo tantísimas obras como hay en las bibliotecas digitales y las reales, con tantos autores como hay en busca de una buena cita. 

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Sugerencia de cita bibliográfica de este artículo

Leonor Zozaya-Montes, “¿Es cierta web fiable para citarla en un trabajo académico?”, Redacción. Recomendaciones para presentar trabajos académicos, Las Palmas de Gran Canaria, hypotheses, 14/12/2022 [última fecha de consulta], https://redaccion.hypotheses.org/1820

 

Datos esenciales para un pie de foto: figura X, título…

La expresión pie de foto alude a la explicación breve que se sitúa bajo cada ilustración o figura en una publicación. Aunque sea el pie lo que le da nombre, también puede constar en otros lugares, como en la parte superior.

Dado que atribuir un pie de foto a cada figura suele generar numerosos problemas en los trabajos académicos, publico aquí unas pautas para orientar sobre cómo hacerlo en general, por si se carece de otra guía, aunque luego cada caso particular pueda variar o complicarse.

Es importante que las figuras estén mencionadas en el escrito, que tengan su correlación en el texto (es decir, no que se agrupen sin sentido ni explicación, “como para abultar”). Además, han de incluir unos datos esenciales, como son la denominación de figura para encabezar, la numeración currens, más el título descriptivo (si procede, con una alusión al tiempo y al espacio). Podrá sumar también la fuente y la autoría, ya sea la misma o diferente, salvo en los casos en que se sobreentiendan los dos últimos datos, como puede suceder cuando se escriba una monografía. Comienzo explicando paso a paso.

  1. Figura

Una fórmula usada actualmente en los medios académicos consiste en denominar figura a toda imagen, esquema, tabla, mapa o lo que sea que se adjunte diferente al mero texto. Además, la figura debe tener una numeración consecutiva o currens general, es decir: figura 1, figura 2, etc.

Recomiendo incluir la mención a la figura en cursivas y minúsculas (figura 1), porque es cómodo y sencillo de ver en el texto, pues llama la atención fácilmente. Aunque mi opción predilecta es decir figura 1 en minúscula, también se puede optar por otra solución: la primera se escribe completa, figura 1, y en adelante se abrevia la palabra, así: Fig. 2, Fig. 3. Sin embargo, esto es muy incómodo de leer, porque obliga a interrumpir la frase por la mayúscula y el punto de la abreviación. Aunque esto sería largo de explicar, acaso se entienda directamente comparando lo cómodo o incómodo que resulta leer los siguientes ejemplos:

“para ilustrar lo afirmado es preciso consultar la Fig. 3, que ofrece una innovadora visión”.

“para ilustrar lo afirmado es preciso consultar la figura 3, que ofrece una innovadora visión”.

La segunda frase de las minúsculas funciona mejor, se lee con más facilidad (hay estudios que avalan esta afirmación, no es sólo una sensación mía). Con ello, el texto ganará en calidad, y cuando comencéis a sumar unos y otros elementos que faciliten o compliquen la lectura, el resultado mejorará… o empeorará, casi sin saber por qué, por así decir, aunque sea correcto lo que molesta al leer. Siempre, en la escritura, también recomiendo estar pendiente de lo que –por así decir– no se ve.

Toda figura tendrá que estar mencionada en el texto. Por ejemplo: “según muestra el plano de las conquistas de Nueva España en el siglo XVI que consta en la figura 1, la estrategia utilizada por los ingenieros se basó en”. Es decir: no deberías incluir una figura 1 con ese título ni el texto ni en el anexo si no la has mencionado en el cuerpo del texto de tu trabajo (salvo que estés publicando algo y el criterio editorial sea diferente, claro).

Cada figura se podrá situar en uno u otro lugar, a continuación de ser citada en el texto o en el anexo final. Lógicamente, no irá en ambos lugares. Tampoco recomiendo incluir algunas en el texto y otras en el anexo, porque es necesario unificar criterios. Si se adopta un criterio, se ha de seguir de inicio a fin, ha de ser uniforme al igual que en otras cuestiones. El baile de criterios suele ser muy criticado, y fácil de detectar. Lo contrario, la unidad de criterio, realza el valor del trabajo coherente. Da la impresión de que se ha hecho atentamente y dedicándole el tiempo preciso.

La ventaja de situar las figuras acompañando al texto es que ilustran sin tener que molestar a quien lo lea, haciéndole pasar las páginas para buscar el anexo. Sin embargo, la desventaja es que puede dar verdaderos quebraderos de cabeza al intentar maquetarlo, porque constantemente se desmorone todo. Ante la duda, si no sabes qué hacer, recomiendo pasar las figuras al final, que no dará problemas de maquetación, y ante la necesidad siempre podrás cambiarlo si no te convence. Hacerlo a la inversa será más problemático, seguro. Atención, en cualquier caso, porque a veces no podemos escoger, y dependemos del criterio de la editorial; en tal caso, se hará como esta indique.

  1. Título de la figura

El título atribuido a la figura podrá ir en cursivas, como he dado ya en el ejemplo anterior, que aquí repito: “según muestra el mapa de América en los siglos XVII y XVII que consta en la figura 1, la estrategia utilizada por los ingenieros se basó en”. Sin embargo, también se puede prescindir de las cursivas del título, es decir: “según muestra el plano de las conquistas de Nueva España en el siglo XVI que consta en la figura 1, la estrategia utilizada por los ingenieros se basó en”. Lo que se decida, se hará unificando el criterio.

El título de la figura ha de ser nítido y breve, y ha de definir qué es ese elemento que se adjunta. Hay que atribuirle un título esencial para que quien te lea sepa qué es, que sea descriptivo e incluya, si procede, el espacio y tiempo en que se enmarca, por ejemplo:

  • Figura 1: Mapa de América en los siglos XVII y XVII. 
  • Figura 2: Mapa de la Península Ibérica en la Edad Media, con las principales ciudades aludidas en este estudio.
  • Figura 3: Árbol genealógico de Antonia Benítez, del año 1782.
  • Figura 4: Línea cronológica de los periodos más importantes que abarca este estudio.

Insisto en que, si se trata de un estudio de Historia, es importante que ofrezca algún dato espacial y temporal en el título, para dar un contexto mínimo, salvo que uno o los dos datos se sobreentiendan por el contexto en que se inserta la figura.

  1. Fuentes y autoría…, o autoría y fuentes (salvo si se sobreentiende)

Ahora faltan por citar tanto las fuentes utilizadas para elaborar esa figura como su autoría. Cuando no se sobreentienda esa información, hay que lograr que quede bien clara y que, si se busca, sea posible recuperar el dato de la autoría (esta es una la razón de ser de las citas bibliográficas), o de la fuente o de la autoría citadas, si coinciden.

En unos casos será diferente la fuente y la autoría. Por ejemplo, cuando la figura es de tu autoría, y te has basado en ciertas fuentes de un Archivo Histórico (AH),  deberás reconocer ambos datos, fuentes y autoría. Si te basas en fuentes bibliográficas, una forma de solucionarlo es la siguiente, aunque da el problema de ser demasiado extensa, pues habría que añadirla al resto de datos anteriores:

  • Autoría: elaboración propia a partir de la bibliografía citada en este estudio.
  • Autoría: elaboración propia a partir de Pérez (2017) y Benítez (2018).

Otro caso de autor y fuente diferente se da cuando usas fuentes primarias; ejemplo: 

  • Fuente: AH, Libros de Acuerdos del Cabildo, 1590-1780. Autoría: elaboración propia.

Incluso, en el último caso, no haría falta citar que la figura es de elaboración propia, pues la propia omisión lo indicaría: tú has hecho el estudio, y, por tanto, eres el autor o autora de todo lo que incluye. Así, habrá que tener en cuenta el contexto en que se difunde. Sin embargo, dado que por desgracia el plagio está a la orden del día, ante la duda más vale especificar, sobre todo si se trata de un trabajo de clase o de un Trabajo de Fin de Título (TFT). En otras ocasiones, cuando escribas un libro, te permitirás licencias, según detallo al final de este escrito, cuando menciono la necesidad de sacrificar información en los pies de figura.

En ciertos casos, la fuente y la autoría coinciden, por lo que con citar la fuente se incluye la autoría. Por ejemplo, cuando usas una figura de un libro ajeno, como un mapa del conocido Atlas histórico mundial de Georges Duby (Madrid, Debate, 1987). Estos casos son los más sencillos de usar. Entonces, sólo citas la fuente, y reutilizas su título, con alguna pequeña adaptación si es necesaria. Por ejemplo, según el estilo de citas que sigas:

  • Mapa de América en los siglos XVII y XVII (DUBY, 1987: 282).
  • Mapa de América en los siglos XVII y XVII, en G. Duby: Atlas…, p. 282.

El problema para adjuntar una figura de algún libro como el recién aludido es que deberías asegurarte de que puedes usar libremente esa fuente citándola. Ten en cuenta que puede haber problemas derivados de la explotación económica de los derechos de la obra, pues las editoriales viven de ello, y su supervivencia es esencial para el mundo de la cultura. En la contraportada de la citada obra, por ejemplo, se recuerda que “no está permitida la reproducción total o parcial de este libro […] ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio”.  Ante la duda, recomiendo utilizar figuras de libros ajenos escaneadas sólo en trabajos de curso, de circulación interna (por ejemplo, en tu universidad), pero no en publicaciones, en las que bastará con la mera alusión y su correspondiente cita bibliográfica.

Si la fuente que quieres citar procede de Internet, todo suele complicarse (con Internet hemos topado, amigo Sancho). Cuantiosas fuentes de internet atractivas suelen tener orígenes inescrutables y muy pocos datos que avalen que sea fiable, lo que hace sospechar de muchas de ellas (¿plagio? ¿uso ilegítimo?…). Si tu problema está en que ves que esa página de Internet realmente no cite adecuadamente la procedencia de lo que adjunta, te recomiendo que huyas de esa usarla, porque la fuente donde se alberga no parece académica. Solo en un caso extremo acudes a la figura de internet. En estos casos, cuando sospeches, tu intuición suele ser indicio de que esa fuente no es científica.

Ante la duda, si puedes escoger entre citar una imagen de un libro o una de internet, te recomiendo la del libro (¡sobre todo si tiene una autoría reputada!). En parte, porque si el libro usó métodos científicos eso infunde a tu trabajo academicismo, y, en parte, porque te será mucho más sencillo citarlo.

No obstante, imaginemos que has localizada una foto (u otro elemento) de un blog o de alguna página de Internet que necesitas usar. Recuerda citarla como quien cita cualquier otra fuente, como un libro o cualesquier otros textos académicos, como se citan las páginas de Internet: intentando encontrar todos los datos que aportas para los libros o artículos (y los que no pues los omites), y los sitúas en el mismo orden en que colocarías otra cita bibliográfica. Para evitar las omisiones de las páginas de internet, y para evitar que parezca que se te ha olvidado adjuntar datos, otra solución es que menciones cada dato que no encuentres para citar: sin autor, sin año… pero es farragoso y tira por los suelos el cientifismo de la propia fuente, que según lograrás entender ¡cae por su propio peso!

Si quieres citar una fuente de internet en el pie de la figura, además de citar de alguna manera los datos esenciales que hayas logrado hallar en el orden esencial de la bibliografía, incluye el enlace. Si es muy largo, acórtalo, como obligan prestigiosas editoriales como Tirant lo Blanch cuando el enlace sobrepasa la línea en que se inserta. Para acortarlo, simplemente lo incluyes en algún medio como bit.ly (registrándote previamente es gratis), y lo copias de nuevo. Aquí hay instrucciones, https://miracomosehace.com/usar-bitly-acortar-url-links-gratis/

Por cierto, sobre cómo incluir las citadas fuentes de internet, recomiendo huir de palabros como webgrafía por muchas razones que alargarían excesivamente este escrito. En resumen, diré que una web es una página, y una página tiene como citarse desde hace mucho tiempo: como el resto de páginas de un libro, artículo o texto similar, en la bibliografía. Recomiendo denominar al apartado Bibliografía, o, si hay fuentes de diversa índole, Bibliografía y fuentes. Ordenarás todo alfabéticamente, pero con las fuentes de internet eso se complica, claro, porque suelen incluir datos escasos y confusos.

Por último, cabe incluir la recomendación de acortar en la medida de lo posible los pies de foto, que han de ser breves, por lo que conviene sacrificar información. Por tanto, recomiendo leer y releer un título para ver cómo acortarlo. Por ejemplo, si se usa una fotografía, y es obvio que es una fotografía, se puede prescindir de la palabra fotografía y ver si funciona igual. En otro orden de cuestiones, si estás publicando un libro con una editorial prestigiosa y has elaborado tú las figuras, se sobreentiende la autoría, por lo que no es preciso indicarla puntualmente, y con ello se gana brevedad. Volviendo al ejemplo de tu hipotético libro, si para elaborarlo has usado infinidad de fuentes de archivo, el lugar para citarlas todas no es precisamente el pie de foto, y se sobreentiende que por algún motivo te resultó imposible detallarlas ahí. 

Para concluir, adjunto unos ejemplos de mi libro sobre escribanos, titulado De papeles, escribanías y archivos: escribanos del concejo de Madrid, 1557-1610 (Madrid, CSIC,2011; aquí consta un índice). En ellos se aprecia esta idea de abreviar datos, por un lado, para que sea comedido el tamaño del pie de foto (que por cierto se sitúa en la parte superior, según ilustra la imagen de cabecera), y, por otro lado, porque se sobreentienden muchos otros datos que se ofrecen en la propia obra:

  • Figura 1: Relación de escribanos del ayuntamiento madrileño (1557-1610).
  • Figura 2: Sucesión del ejercicio en las escribanías del ayuntamiento madrileño (1557-1610).
  • Figura 3: Relación de parentesco entre los escribanos de la escribanía antigua (1557-1610).
  • Figura 4: Relación de parentesco entre los escribanos de la escribanía acrecentada (1557-1610).
  • Figura 5: Demanda por parte del ayuntamiento  de escrituras de los escribanos del concejo para su archivo (1568 y 1571).
  • Figura 6: Solicitud de documentación de los escribanos por parte del concejo (1571).
  • Figura 7: Relación de escribanos del concejo (titulares y tenientes) y escribanos colaboradores que acudieron a abrir el archivo del concejo (1553-1581).

 

PDF con pautas sencillas para citar bibliografía

Como saben, varias páginas de este blog ofrecen actualmente fórmulas para citar bibliografía, siguiendo las normas APA. Sin embargo, según he podido comprobar, estas resultan confusas para muchos estudiantes de Historia, en parte porque se alejan de la tradición seguida en ciertas especialidades, como las de Historia Medieval, Historia Moderna, Ciencias y Técnicas Historiográficas, etc. Es cierto, además, que las APA están ideadas para una especialidad tan lejana para nuestras materias como la Psicología (no en vano las elaboró la Asociación Americana de Psicología, o American Psychological Association, según delatan sus siglas en inglés). Por ello, he decidido ofrecer aquí  unas pautas más sencillas para citar bibliografía en formato PDF (por ahora, y hasta que tenga algo más de tiempo, convivirán ambas aquí). 

Principalmente, estoy pensando en los estudiantes de Historia de mi universidad (la ULPGC), a quienes el nuevo plan de estudios de este año les ha quitado la asignatura de primer curso titulada Técnicas de investigación en Historia en la que yo enseñaba, entre otras cosas, a citar, y les repartía  escritos como estos. Sé que enseñar a citar verbalmente es mucho más sencillo y ayuda a entenderlo mejor (sobre todo porque se puede justificar y detallar cualquier duda que surja). Pero, faltando el verbo, aquí difundo este documento de pautas sencillas para citar bibliografía (pulse aquí), por si a alguien le resulta útil el escrito. Para quien lo vea complicado al principio, recomiendo que lea las páginas pausadamente y que las consulte constantemente cuando vaya a citar, que las use hasta que se le vayan fijado en la memoria tras unas cuantas repeticiones.

Y… si aquí no uso las normas APA, ¿en qué me baso ahora? En resumen, es una fórmula tradicionalmente utilizada en los estudios mencionados de historia. Esa tradición es muy similar a la que ofrecen las Normas para que los autores presenten originales que ofrece la prestigiosa editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). A su página ha de acudir quien desee  consultarlas, y, sobre todo, quien necesite saber cómo citar cualquier fórmula particular que yo no detalle (como entrevistas u otros formatos). Puede consultar de forma gratuita las Normas de presentacion originales procedentes de la página del CSIC (pulse aquí).

Entre ambas fórmulas verán diferencias fundamentales, pues yo simplifiqué estas por motivos didácticos. Por ejemplo, si el CSIC pide que se incluya un punto tras el nombre del autor, yo sólo separo por comas, al igual que las demás separaciones, para facilitar la vida a los estudiantes noveles que tantísimo les cuesta citar porque parece ser que por primera vez en su vida se enfrentan a ello, cosa que nunca entenderé. ¿Por qué no se les enseña a citar antes? Concienciarles de lo importante que es reconocer la fuente de procedencia de la información evitaría, seguramente, bastantes plagios en trabajos de curso universitarios, y acaso no haría falta pensar en invertir grandes cantidades de dinero en herramientas para detectar el plagio. 

Ánimo con el trabajo.

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Comentario de un libro; ejemplo de los ‘Sonetos a Cristo’, de Lobo Antunes

Cuando a alguien le encargan redactar una reseña, un resumen o un comentario de un libro, muchas veces no sabe por dónde comenzar. Intentando ayudar en la ardua tarea, en este blog ofrezco pautas para redactar un comentario bibliográfico. Resumiendo, para quien no sepa qué comentar sobre una obra, propongo seguir unos pasos sencillos, como, por ejemplo, describir la estructura del libro, hablar del autor o la editorial, resumir la obra, comentar su teoría más relevante, proponer alguna crítica constructiva, o mencionar alguna aportación que haga recomendable su lectura.

Sin embargo, esas sólo son propuestas, útiles sólo en caso de que falten iniciativas más originales. Son simples pautas que nunca han de cercenar la imaginación, la cual debe volar siempre tan alto como pueda, adoptando infinitas formas.

Para ilustrar esta afirmación, he considerado oportuno publicar aquí un ejercicio que me mandaron al cursar Lengua Portuguesa IV en la Universidad de Coimbra (Portugal). La tarea consistía en comentar un libro, usando cien palabras como máximo, y publicarlo en nuestra plataforma virtual del aula, donde todos los colegas veíamos los resúmenes ajenos, que a su vez podíamos comentar, tal como hice cuando estaban dedicados a libros que yo había leído.

Con mis comentarios tenía la intención de avivar el diálogo con los compañeros, pero éste fue asombrosamente escaso. Tanto, que nunca supe, ni tan siquiera, si alguien había llegado a leer mi resumen. Nadie me comentó nunca nada (ahora que lo pienso, ni el profesor). Acaso era un texto excesivamente atípico, porque ahí no se oyó respirar ni a un punto redondo. Me quedé con un vacío triste, repleto de incomprensión, que de alguna forma intento suplir ahora compartiendo aquel comentario, y animando a soltar a volar el verbo siempre que el guión lo permita. Aquí va la versión traducida, para hispanoparlantes.

A. Lobo Antunes: Sonetos a Cristo (Lisboa, 1995)

¡Está vivo! No podía creerlo. ¡António Lobo Antunes continúa vivo! Casi lloro de la emoción. Como cuando leí sus Sonetos a Cristo; sobre todo con el primero, que da nombre a la obra. Por el título nunca pensé que era ideal para ateos y escépticos. Niño, hombre, mujer; Antunes se transfigura en todo vistiéndose con las palabras, disfrazándose de sentimientos, con un lenguaje repleto de fuerza y poesía, donde lo inimaginable acontece con una ironía inefable, a veces cuasi transparente. Yo quedé impactada, aún más cuando descubrí que mi héroe de la escritura sigue vivo; véanlo y escúchenlo:

https://www.youtube.com/watch?v=S5RH9wNyOFE

A continuación presento mi antigua versión portuguesa, donde imagino que camparán mis errores gramaticales de la lengua ajena con la espontaneidad y naturalidad que me caracteriza, que ruego sepan disculpar:

“António Lobo Antunes: Sonetos a Cristo (Lisboa, 1995)

Está vivo!! Eu não podía acreditar. António Lobo Antunes continua vivo!! Quase choro da emoção. Como quando li seus Sonetos a Cristo; sobre tudo com o primero, que dá nome à obra. Pelo título nunca pensei que era ideal para ateuos e céticos. Menino, homem, mulher; Antunes se transfigura em tudo vestindo-se com as palavras, disfarçando-se de sentimentos, com um lenguagem cheio de força e poesía, onde o inimaginável aconteçe com uma ironia inefável, as vezes quasi transparente. Eu fiqué impactada, ainda mais quando descobri que meu héroe da escrita segue vivo; vejam e ouçam-lo: https://www.youtube.com/watch?v=S5RH9wNyOFE

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